Crece la desconfianza en Japón por el impacto de los gigantescos centros de datos
Preocupados por el impacto ambiental y urbano, residentes de la ciudad japonesa de Hino denuncian las repercusiones que tendrá la construcción de un centro de datos en este suburbio de Tokio, una iniciativa que algunos califican de "horrible".
"Cuanto más averiguo sobre él, más me preocupa", comenta Yoriko Kitagawa, de 94 años, habitante desde hace mucho tiempo de Hino, donde se está construyendo uno de los centros de datos más recientes de Japón.
"Es un proyecto horrible", sentencia.
La proliferación de estos centros de datos, que consumen enormes cantidades de recursos y albergan los "cerebros" de la inteligencia artificial (IA), está generando preocupación en todo el mundo. El estado de Nueva York y Australia acaban de anunciar nuevas regulaciones para este tipo de instalaciones.
En Estados Unidos, grupos opositores a estos centros convocaron para el sábado una "jornada nacional de protesta" con el objetivo de "proteger nuestras ciudades, nuestro bolsillo y nuestro modo de vida".
Japón, cuyo territorio es montañoso en un 80% y cuyas ciudades tienen una densidad de población extremadamente alta, carece de suficiente espacio urbano adecuado para albergar estas instalaciones.
No obstante, el país prevé construir uno cerca de la famosa Torre de Tokio, en pleno centro de la capital.
En Hino, la altura de dos de los tres edificios proyectados se redujo en una quinta parte, hasta los 63,5 metros, pero aun así seguirán dominando las viviendas cercanas y privarán a algunas de ellas de la luz solar.
"Como vecino, lo que más me preocupa es un incendio provocado por la enorme cantidad de baterías", explica a la AFP Yasuo Yamazaki, un opositor al proyecto de 69 años.
"El calor que desprende el centro de datos también es preocupante, al igual que el ruido", añadió Yamazaki, quien teme asimismo la posible explosión del depósito de combustible destinado a un generador de emergencia.
La promotora Mitsui Fudosan tiene previsto crear una "franja verde de amortiguación" de hasta 78 metros de ancho, con árboles y un arroyo. Esta debería reducir el ruido, el calor y la "sensación de agobio", explica Toshitsugu Jouzuka, responsable del proyecto.
"Una solución consiste en alejar el edificio de la calle y crear espacios verdes para que resulte menos imponente para los peatones", señaló.
Billones de dólares están siendo invertidos en estos centros de datos para entrenar y operar modelos de IA y para almacenar en la nube los zettabytes -equivalentes a mil millones de terabytes o un billón de gigabytes- de información digital de la humanidad.
Japón alberga grandes ambiciones en este ámbito, entre ellas desplegar 10 millones de robots para 2040, con el objetivo de convertirse en "el país más favorable a la IA del mundo".
- Energía fiable, asequible y descarbonizada -
El país quiere desarrollar sus propios modelos e infraestructuras de IA para reducir su dependencia de Estados Unidos y China, líderes del sector.
Para hacer frente al aumento previsto de la demanda de electricidad necesaria, Japón busca reactivar la energía nuclear, quince años después del desastre de Fukushima.
A pesar de contar con una economía sólida, estabilidad política y buenas infraestructuras de telecomunicaciones, el país se enfrenta a "importantes limitaciones", señala Trung Ghi, consultor de Arthur D. Little.
"Los grandes terrenos adecuados cerca de los centros de consumo son escasos, y la demanda se concentra en zonas urbanas densamente pobladas", explica.
La proximidad a los usuarios sigue siendo fundamental, especialmente para garantizar los tiempos de respuesta ultrarrápidos que requieren actividades como el trading financiero, el streaming o los videojuegos.
Según la consultora inmobiliaria JLL, alrededor del 90% de los centros de datos japoneses se encuentran en las áreas metropolitanas de Tokio y Osaka.
A largo plazo, los emplazamientos más atractivos podrían ser aquellos que dispongan con rapidez de una fuente de energía "fiable, asequible y cada vez más descarbonizada", considera Ghi.
En Inzai, una urbe residencial situada en la periferia de Tokio que alberga al menos diez centros de datos -incluido uno utilizado por Google-, un grupo de vecinos presentó una demanda contra un nuevo proyecto.
Según el texto, su "vida cotidiana tranquila" se verá destruida por la pérdida de horas de sol, el deterioro del paisaje, la "sensación de agobio", el ruido, las vibraciones, el aire caliente, los riesgos para el tráfico y las obras de gran envergadura.
Japan ERI, entidad que emitió el certificado que autoriza el proyecto, se negó a hacer comentarios.
Los críticos también sostienen que la normativa japonesa sobre construcción está desfasada, ya que clasifica los centros de datos como edificios de oficinas y no como instalaciones industriales.
La legislación japonesa "no está siguiendo el ritmo de la evolución de la situación", asegura Satoshi Oikawa, abogado de los residentes de Inzai.
A.Zacharia--BD