La derecha mediática centra de nuevo su atención en el caso del Peugeot
El texto publicado expone que la dimisión de Óscar Puente había dejado a la derecha mediática sin el blanco de sus columnas, pero el desconsuelo duró poco. El jueves, la UCO volvió a registrar la casa de José Luis Ábalos, visitó la sede de Adif en busca de información y detuvo a seis personas en una nueva pieza del caso Koldo.
El texto publicado expone que la dimisión de Óscar Puente había dejado a la derecha mediática sin el blanco de sus columnas, pero el desconsuelo duró poco. El jueves, la UCO volvió a registrar la casa de José Luis Ábalos, visitó la sede de Adif en busca de información y detuvo a seis personas en una nueva pieza del caso Koldo. Entre ellas estaba Cristian Corvillo, el militante socialista al que todos llaman ya el chófer de Pedro Sánchez en las primarias de 2017, aunque Moncloa y el PSOE lo nieguen.
Que el sumario sea secreto y que nadie haya explicado todavía dónde está el dinero no ha impedido que en cuestión de horas el chófer fuese presentado como el centro de una trama de corrupción de la que todo son suposiciones. Tampoco ha llamado la atención de nadie que todo esto ocurra a 24 días de las elecciones. Ignacio Varela lo resolvió en El Confidencial con una distinción que tranquiliza a cualquiera.
Una cosa, escribió, “es que los jueces se abstengan de tomar decisiones drásticas sobre las causas en curso por consideración a las elecciones y otra que las investigaciones se paralicen”. Con qué naturalidad hemos aprendido a convivir con el lawfare. El último del Peugeot El chófer, en todo caso, ha resultado ser un hallazgo literario.
Ignacio Camacho recordó en Abc que “faltaba el chófer”, el último del grupo de 2017 que quedaba por caer, y comparó a aquella cuadrilla con “la banda de Dillinger, un ‘gang’ que en vez de bancos decidió asaltar el Estado”. Su conclusión es que, después de tanto análisis sofisticado, “una simple mirada al origen revela que sólo se trataba de una banda de mangantes”. Carlos Herrera lo convirtió en Herrera en COPE en una escena de western: “Ábalos, Koldo, Cerdán, delante Sánchez y conduciendo Corvillo”, y los bautizó como “los cinco jinetes del apocalipsis”.
Para que no quedara margen a la duda, agregó que la frase con la que Sánchez se desvincula de sus antiguos compañeros, la que de acuerdo con él “utiliza siempre”, acabará diciéndola también “de su mujer”. Al lema del PSOE de estos días, “no todos los políticos somos iguales”, le respondió con un “pues claro que no lo son, se pusieron a robar desde el minuto uno”. El editorial de El Español, el digital de Pedro J.
Ramírez, invocó las fotos de 2017 para sostener que Corvillo sí fue chófer —como si conducir un coche le hiciera culpable de algo— y planteó un dilema que ya es marca de la casa. Si Sánchez no sabía nada, no supo ver la corrupción “cuando viajaba a su lado”, y si la vio, “la conclusión es todavía peor”. Siempre es culpable.
Federico Jiménez Losantos prefirió en El Mundo el registro de siempre. Habló de las “rabizas de los que hasta ayer eran los mandamases de España” y de “los diputeros”, y dio por buena, sin aportar prueba alguna —eso es marca de la casa—, la versión de que Puente dimitió porque alguien entregó a Sánchez “un dossier con las andanzas prostibularias” del entonces alcalde de Valladolid. Lo remató contraponiendo el dinero que, de acuerdo con él, no hubo para la seguridad de los trenes con el que “para putas, coca, coimas y sobornos, sobraba”.
De la mordida al choque de trenes El paso siguiente era previsible. Como la pieza afecta a Adif, el accidente de Urda podía incorporarse a la causa sin necesidad de pruebas. Camacho convirtió la falta de Presupuestos en un factor muy importante y escribió que con dos accidentes por medio “es imposible no pensar en relaciones de causa y efecto”.
Herrera se hizo la misma pregunta casi con las mismas palabras: “¿Cómo no relacionar una cosa con la otra? ”. Y en Horizonte, en Cuatro, la mesa de Iker Jiménez vinculó sin pruebas la siniestralidad ferroviaria con la corrupción, que es precisamente el relato de Vox.
Sin informes técnicos que lo sostengan, claro, porque para la barra de bar eso no hace falta, aunque se transmita en directo por televisión. Rafa Latorre prefirió en El Mundo otra explicación. Puente defendió en el Congreso que había ejecutado todo lo que permitían unos Presupuestos prorrogados, y el columnista vio en ello la reivindicación de quienes llevaban años sintiéndose “fachas” por hablar de las cuentas públicas.
“Quien no tenga ahora una sensación de fraude es que es un contribuyente bien poco exigente”, concluye. Para unos, el deterioro de la red se explica por las mordidas; para otros, por la falta de Presupuestos. Solo coinciden en el culpable.
Teodoro León Gross puso su granito de arena en Abc desmontando los “tres fetiches” con los que, de acuerdo con él, el PSOE intenta recomponerse: la dignidad, la defensa de lo público y el “no todos somos iguales”. Sobre lo público aportó una observación brillante, la de que los socialistas reivindican lo público “después de el fallo de un servicio público, en una red pública, con trenes públicos”. Y sobre los socialistas, una precisión: “No son estúpidos, sino unos sinvergüenzas sin pudor”.
Varela, a su vez, encontró la imagen que buscaba en un hipódromo. Sánchez sería el caballo cojo del Derby de Epsom, perseguido por una maldición que hace que a quien entra mal en campaña todo le salga mal. Entre las fatalidades de esa campaña gafada contó que, “en pleno baile de autoestima, chocaron dos trenes”, una manera de pasar de la catástrofe a la estrategia electoral en una sola frase.
El audio que no interesa Hubo, no obstante, una noticia del jueves que no despertó el mismo entusiasmo. En un audio difundido por la Cadena SER, Koldo García sostiene desde la cárcel que el abogado del PP le ofreció un millón de euros a cambio de declarar contra Sánchez. El editorial de El Español le dedicó unas líneas, pero solo para lamentar que los medios afines al Gobierno hayan dado por hecho que el dinero era del PP.
Admitió de paso que pagar a un entrevistado “es una práctica reprobable que, por desgracia, empieza a ser cada vez más frecuente en algunos medios”, sin precisar cuáles. En Horizonte el asunto se trató con un reparto de papeles peculiar. El principal señalado, Eduardo Inda, director de Okdiario, ejerció a la vez de juez y parte: calificó la acusación de “montaje” del PSOE y anunció querellas.
La única pregunta sobre lo que había pasado se la hizo Jiménez para que tirase a gol: fue sobre el supuesto contrato que firmó con Koldo para una serie, un libro y una película, que Inda confirmó y defendió como una compra de derechos normal. Ketty Garat (Abc) salió en su auxilio. Negó la existencia de cualquier “cloaca del PP”, aunque reconoció que hay un preso y dos abogados imputados.
Jorge Calabrés (El Español) sugirió, sin más soporte que su propio conocimiento previo, que Koldo y Ábalos actúan al servicio del PSOE a cambio de un trato favorable en el Constitucional. Ahí es nada: las pruebas que Inda exigía a Koldo no se exigieron a ninguna de esas afirmaciones. Vicente Vallés (Antena 3 Noticias 2) lo volvió a hacer.
Su informativo del jueves dedicó en torno al 34% del tiempo a la nueva pieza del caso Koldo. Con la insistencia de un martillo pilón: Corvillo fue nombrado nueve veces, una de ellas en un corte del propio Sánchez en 2017; la palabra “chófer” sonó seis veces, y una de las piezas deslizó, sin atribuirla, la idea de que “de aquel coche de 2017 todos han sido detenidos menos él. Solo queda el número uno”.
Y la pareja de Ábalos, Andrea de la Torre, apareció hasta cinco veces. A Vallés se le da bien construir discursos, pero se le ven las intenciones. Sobre Milei y Sánchez llegó a decir, sin despeinarse, que “han intercambiado insultos” en el pasado, aunque las palabras gruesas solo hayan venido del lado de la motosierra.
R.Prakash--BD